TRABAJAMOS EN LAS 7 ISLAS Y PENÍNSULA

Tlf: 696355895


Camino de Las Mercedes, nº33 Bajo, 38293 La Laguna


Calle Antonio de Viana, nº7, Oficina 3, 35001 Las Palmas de GC


viernes, 9 de septiembre de 2011

Artículo publicado hoy en El Día

El retraso de un estudio de ADN paraliza la búsqueda del asesino de Marisa
La familia de la joven discapacitada que fue agredida sexualmente y asesinada hace ocho años en San Juan de la Rambla denuncia la tardanza del Instituto Nacional de Toxicología en realizar un análisis de los rastros de ADN que fue ordenado por la Justicia "hace más de un año" y gracias al cual se podría dar con el autor.

R.SÁNCHEZ/G.JIMÉNEZ, Tfe.

El 9 de septiembre de 2003 María Isabel Hernández Velázquez, conocida por su familia y por los vecinos del casco de San Juan de la Rambla por Marisa, desapareció mientras paseaba cerca de casa. Pocos días después se descubrió su cuerpo sin vida flotando en el mar. Tras ocho años y muchas dudas sobre la investigación policial y judicial, su asesino sigue en libertad. Hace casi dos años se solicitó por orden judicial el análisis de unos rastros de ADN que podrían ayudar a averiguar quién cometió el crimen, pero los resultados siguen sin llegar y la investigación vuelve a estar paralizada.

Marisa, que sufría una discapacidad psíquica, salió de su casa al mediodía para sellar una lotería y dar su paseo habitual de cada día por el pueblo, antes de ir a comer a casa de una de sus hermanas, lugar al que nunca llegó. Dos días más tarde su cuerpo apareció flotando en la bahía del barrio de Las Aguas de San Juan de la Rambla. Mañana se cumplen ocho años de la desaparición y muerte de Marisa, y tras tanto tiempo su verdugo sigue en libertad.

Las pesquisas realizadas por las fuerzas de seguridad del Estado dirigieron las sospechas hacia un vecino de la zona, que incluso fue detenido por la Guardia Civil e imputado. La falta de pruebas concluyentes contra él hizo que fuera puesto en libertad a los pocos días.

Pese a que las investigaciones continuaron, no fue posible encontrar al asesino de Marisa, motivo por el que se archivó el caso.

La desesperación de la familia de María Isabel Hernández Velázquez por dar con el asesino de la joven y que este pagara por su crimen les llevó a protagonizar varias manifestaciones públicas. Pese a ello, no se continuó con la investigación, motivo por el que hace dos años se pusieron en contacto con el criminólogo y perito calígrafo judicial Félix Ríos Abreu, quien desde el primer momento se interesó en el caso.

El experto informó a la familia de muchos detalles de lo ocurrido que desconocían y se puso en contacto con el letrado y doctor en Derecho Penal Andrés Martín Cruz, quien solicitó una petición de reapertura del caso en base a un informe de reconstrucción del perfil del posible asesino y otro de genética forense del doctor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) José Pestano.

Fue entonces, hace más de un año y medio, cuando la jueza reabrió el caso y ordenó practicar nuevos análisis de ADN con las nuevas técnicas descubiertas con el paso del tiempo.

Pese a ello, según explicó el criminólogo a este periódico, "esos análisis, que suelen tardar en realizarse cerca de un mes, aún no se han realizado". Por este motivo, una nueva jueza que lleva el caso ha ordenado el archivo y levantamiento del secreto de sumario hasta que se reciba el resultado toxicológico y, mientras, el asesino de Marisa sigue en libertad.

El abandono de la investigación; las demoras en los resultados de los citados análisis, tras conseguir que se reabriera el caso, y ocho años de impunidad han provocado la indignación de la familia de Marisa.

Los familiares de la joven discapacitada no entienden cómo es posible que ni la Guardia Civil ni la Justicia hayan sido capaces de aclarar un crimen terrible cometido "en un pueblo muy pequeño donde nos conocemos todos", según explicó a este periódico Loli Hernández, hermana de la víctima.

Hernández considera que el caso de su hermana es "una vergüenza para las autoridades, porque han sido incapaces de avanzar nada en ocho años".

El dolor y la rabia aumentan cuando la familia espera "desde hace más de un año" la realización de estas pruebas complementarias solicitadas por su abogado.

"Cansados es poco, esto es de vergüenza, han pasado ya ocho años y todavía seguimos esperando a que encuentren al asesino o asesinos de Marisa. ¿Será que la Justicia y la Guardia Civil no se toman esto en serio porque no somos una familia de las altas esferas? Eso sería terrible, pero después de ocho años la familia no encuentra una explicación lógica", subrayó Hernández.

Este año, la familia no participará en ningún acto de recuerdo de la desaparición y muerte de Marisa: "Estamos muy mal, sobre todo mi padre, y cada vez que organizamos algún acto nos cuesta mucho tiempo volver a la normalidad. Tenemos que revivir todo el dolor y la rabia acumulada durante ocho años de espera", concluye la hermana de Marisa.

domingo, 19 de junio de 2011

Pedimos apoyo en el Caso Epifanio, desaparecido en el 2004

Artículo escrito por Héctor Fajardo para Caso7 y ABC.

Técnicas del FBI para resolver un Enigma


La familia del desaparecido Francisco Epifanio pide ayuda a las instituciones para conseguir un georradar y descartar que el cuerpo esté enterrado en la casa del principal sospechoso. La asociación Laxshmi trabaja en el caso

Viernes 17 de Diciembre de 2004. El reloj marca las 21.14 horas. Francisco Epifanio Espino vive en una pequeña casa en Santa Brígida. Después de cenar le comunica a su madre su intención de ir a dar un paseo en compañía de su perro. Anda unos cuantos pasos y a escasos metros de su domicilio se le pierde de la pista hasta hoy. Si, hasta hoy, porque la Asociación Laxshmi parece tener nuevas pistas que pueden ayudar al hallazgo de este desaparecido. Lo cierto es que este colectivo trabaja en la hipótesis a la que apuntan todos los indicios del caso. Para la elaboración de un completo perfil de Epifanio se entrevistó a sus padres para que relataran paso a paso los momentos previos a su desparición, así como lo que ocurrió los días posteriores.
Epifanio era un joven muy apegado a su madre, María Jesús, con la que mantenía una estrecha relación. Un accidente le había provocado secuelas en uno de sus brazos, por lo que cobraba una pensión de invalidez. Cuando despareció lo primero que comprobaron fue si su móvil continuaba encendido, cosa que constataron que era así, y posteriormente si había realizado algún movimiento en su cuenta corriente. Desde ese día, nadie ha realizado operaciones con su tarjeta. Tras interponer la correspondiente denuncia ante la Guardia Civil, concretamente tres días después de desaparecer, el 20 de diciembre, y justo cuando comenzaba a ganar terreno la desesperación, un mensaje de texto recibido en el teléfono de Raquel la hermana de Epifanio puso a sus familiares en alerta. En el texto de ese mensaje se podía leer: “Por favor Raquel, dile a papa que me perdone. estoy bien y con una amiga, ya llamaré”.

Una mujer con acento latino
Los familiares pensaron de inmediato que él no había sido el autor del envío, ya que no solo nunca había sido muy hábil con el teléfono móvil, sino que además jamás se le había conocido novia alguna. Esto acrecentó la peocupación del entorno del joven. Pocos días más tardes, y ante la insistencia mostrada por la madre para tratar de contactar con él, recibió una llamada. Se trataba de una mujer con acento sudamericano que le instaba a dejar de buscarlo. Según ella, llamaba de parte de su hijo e insistía en que se habían ido a vivir juntos. La madre por supuesto trató de que se pusiera al teléfono, a lo que se negó. Sin embargo, si le dio tiempo a escuchar una voz de hombre que daba las instrucciones a la mujer sudamericana.



El desaparecido junto a sus sobrinos



Pero la historia de esta desaparición no se detiene. La madre vuelve a recibir una llamada, esta vez se trata de una vecina que no se identifica pero le comunica que si de verdad quiere saber lo que le ha ocurrido a su hijo debe preguntarle a un conocido vecino de la zona, que vivía a menos de un kilómetro de la casa de Epifanio. La madre desconocía que su hijo tenía relación con esa persona, que además era politoxicómano, incluso llegó a dudar sobre las intenciones del alertante desconocido. Sin embargo, María Jesús encontró una agenda entre sus efectos personales y la analizó detalladamente. De pronto, en uno de los contactos figuraba el número de teléfono y el nombre de la persona que aquella extraña llamada le había indicado. Sin dudarlo lo telefoneó y enseguida reconoció la voz de su interlocutor. Era la misma de aquel que se oía de fondo en la llamada de la mujer con acento latino.

La familia ya tenía un sospechoso y la policía también. Pero los esfuerzos de los agentes fueron infructuosos y no lograron relacionarlo con su desaparición. Los padres de esta persona juraron ante los investigadores que la noche en la que Epifanio fue visto por última vez, él la había pasado junto a ellos. La Guardia Civil solo tenía indicios pero nada sólido para conectarlo directamente con el desaparecido.



Pozo inspeccionado por un forense en la antigua casa del sospechoso




La madre de Francisco Epifanio no se ha rendido, ni mucho menos. Algún tiempo después de faltar su hijo, unos jóvenes se encontraron con ella en una parada de guaguas de la zona. Allí le aseguraron que ellos habían visto al joven subir con su perro y un pack de cervezas en dirección a la casa del principal sospechoso. Sin embargo, hasta el momento nada se sabe sobre su paradero.

Otro caso de desaparición
Pero la historia da otra vuelta de tuerca. En 2007 el sospechoso se ve implicado en la muerte de una mujer de 73 años en Tamaraceite. La policía le da caza cuando trataba de vender las joyas de la fallecida. A pesar de que todo apuntaba a este hombre, el juez lo deja en libertad provisional. La cárcel iba a ser su próxima estancia casi con total seguridad. Así que decide encerrarse en su habitación y prender fuego a la estancia. La familia del acusado comprobó como antes de quitarse la vida, su hijo había dejado escrito en la pared de la estancia una nota pidiendo perdón por lo que había hecho y desvinculándose de otro caso muy conocido de desaparición de una menor en la Isla. Posiblemente los agentes que lo arrestaron lo interrogaron sobre ese asunto también para tratar de averiguar si tenía algo que ver con el caso.

Muerto el principal sospechoso, el camino para resolver la desaparición de Francisco se volvía más angosto. Pero hace aproximadamente un año la familia mientras miraba la televisión pudo ver un a intervención de un criminólogo canario, se trataba de Félix Ríos, miembro y fundador del colectivo Laxshmi, asociación para la lucha contra el crimen y la prevención. Se pusieron en contacto con él y les hizo una visita en compañía de otro miembro de la asociación.




Habitación donde el principal sospechoso se quitó la vida incendiándola




Los vecinos autorizan la entrada de los forenses de Laxshmi
Esa primera entrevista con la familia derivó en la realización de un perfil de la víctima y del posible autor de la desaparición. Sin lugar a dudas todo apuntaba al sospechoso principal que barajaba la policía. Dentro de ese trabajo de campo, los peritos también elaboraron un perfil geográfico para acotar la zona donde pudiera estar el cuerpo del joven. De inmediato se contactó con los vecinos de algunas fincas en Telde y estos dieron su consentimiento para realizar las pruebas precisas que lleven a encontrar el cadáver del desaparecido, en caso de que hubiera fallecido. A pesar de las esperanzas de la familia todo apunta a ello, ya que no se han registrado movimientos en su cuenta bancaria y la pensión de discapacidad era la única fuente de ingresos que tenía.

Hay que destacar que los padres del sospechoso abandonaron la casa poco después de la muerte de su hijo. La casa fue vendida a otra familia, que no ha dudado en colaborar con la familia del desaparecido. De hecho, los peritos ya han examinado esa finca, al menos algunos de sus rincones. El inmueble tenía diversas zonas ocultas que podían haber servido para ocultar un cuerpo. Pero el rastreo a pie no ha dado aún resultados. Sin embargo faltaría observar si la tierra oculta algo.




Parada de guaguas donde Francisco fue visto por última vez



La asociación Laxshmi tiene en mente la realización de un análisis del terreno. Una técnica muy utilizada habitualmente por el FBI en Estados Unidos, consistente en el uso de un Georadar. Este aparato permitiría constatar si un cuerpo está enterrado en el subsuelo sin necesidad de realizar excavaciones. El criminólogo Félix Ríos ya se ha puesto en contacto con una empresa de la península que ya ha colaborado con la policía en la búsqueda de restos humanos con resultados sorprendentes. Dicha compañía le han comunicado que el presupuesto mínimo que necesitarían para acometer dichas pruebas, es en torno a los 3.000 euros. Una cantidad con la que no cuenta la familia ni el entorno más cercano del joven, ya que son de procedencia humilde.

Carta a la Delegada del Gobierno
Sin embargo, no han tirado la toalla y han enviado una carta a la Delegada del Gobierno en Canarias, Dominica Fernández Fernández, en la que le solicitan ayuda para la obtención de un georadar. Este aparato es el que se usa habitualemente para detectar fosas pertenecientes a la Guerra Civil. En dicha misiva le aseguran que “si en un tiempo razonable de dos semanas no tuviésemos una respuesta clara de la administración al respecto, nos plantearíamos la petición de fondos anónimos o la posibilidad de que alguna empresa de dragados o prospección nos pudiera ceder el material. Sin embargo esta sería la situación menos deseada, ya que estamos seguros de que tanto usted como las administraciones centrales en general, entenderán que la mejor manera de conseguir encontrar a Fran, o en su defecto descartar la antigua casa del sospechoso de su desaparición, es la puesta a disposición para el caso, de la mejor tecnología disponible”.



Los forenses ya han tomado muestras del terreno



El Georradar es una herramienta tremendamente eficaz, ya que las ondas electromagnéticas que emite trasladan de manera casi instantánea a una pantalla la densidad del terreno, incluso devolviendo imágenes de una nitidez asombrosa. Se han dado casos de constatar con exactitud la silueta de un cráneo o de otros restos óseos mineralizados. Esta fue la técnica usada para buscar el cadáver de un exterrorista del IRA que había sido confidente de la policía. Se ocultó en España, concretamente en Andalucía, pero sus compatriotas lo encontraron y lo ejecutaron. Sus restos fueron encontrados gracias a este aparato en el interior de un bloque de cemento.

Pero no es esto lo único que necesita este grupo de expertos en criminología, ya que para completar el puzzle también les gustaría contactar con los jóvenes que se encontraban en la parada de guagua y que vieron a Francisco pasar con las cervezas en dirección a la casa del sospechoso. Además, para ellos sería de vital importancia localizar a la vecina anónima que alertó a la madre del desaparecido sobre el posible paradero del joven.

Por ello han habilitado un número de teléfono para que quién pueda aportar algo más sobre esta truculenta historia no dude en hacerlo, ya que la familia se lo agradecerá enormemente. El teléfono es el siguiente: 667202226 y podrán aportar información incluso de manera anónima. La familia ha autorizado a Félix Ríos a actuar como su portavoz en este asunto.

miércoles, 23 de febrero de 2011

La Criminología como Literatura, por Rafael de Mendizábal, magistrado emérito del TC

En esta ocasión, os presento un artículo que el Ecxmo. Don Rafael de Mendizábal me ha mandado para publicarlo en este blog. Poco puedo decir yo, que no se sepa de don Rafael: Magistrado Emérito del Tribunal constitucional, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia, juez en todas las instancias de nuestra administración, asesor de gobiernos, y actualmente abogado, entre otros muchos honores y actividades. En una frase y como practicante de la criminología: "Gracias Rafael".

Félix M. Ríos
Criminólogo
----------------------------------------------------------------------------------------
La Criminología como Literatura

La Criminología, cuyo nombre tiene un origen francés, es una constelación de saberes científicos, con su aplicación tecnológica, enfocados unidireccionalmente al delito y a su autor, o quizá más exactamente, al hombre como delincuente con un contenido heterogéneo y una perspectiva pluridimensional e interdisciplinar. En un cierto sentido parece correcta pero incompleta la concepción de Franz von Liszt, para quien la Criminología, como “teoría del crimen”, tiene una vocación “causal y explicativa” de la etiología de la criminalidad. Sería, en definitiva, una ciencia con pretensiones de conseguir la síntesis en este ámbito de la Antropología (Biología, Psicología) y la Sociología. Aquélla considera el delito como un acaecimiento excepcional en la vida del individuo, mientras que la perspectiva sociológica lo estudiaría como un hecho normal en la sociedad. Tal dicotomía, admisible intelectualmente, no debe ocultar que el objeto a considerar es único, difiriendo tan sólo el método, ya que la criminalidad como fenómeno social, está a su vez compuesta de crímenes particulares. Ahora bien, la Criminología, en mi opinión, no debe limitarse a la etiología sino que ha de extenderse a la terapéutica y tender, por ello, a la profilaxis de la delincuencia, con una triple función: ayudar a comprender al hombre que delinque para poder juzgarle (individualizando el castigo) y, luego, conseguir su recuperación social, fin constitucionalmente explícito de la pena aunque secundario, detectando la peligrosidad de otros a tiempo para evitar que delincan.

La Criminología, y ello es particularmente importante aquí y ahora, tiene su origen en la publicación de causas célebres, como advierte Jiménez de Asúa. En principio podría parecer que cualquier delito tiene interés criminológico y así es. La extorsión, el robo, el hurto o la estafa han sido tema de investigación, pero la palabra “crimen” da la señal de alerta por hacer referencia inmediata a la gravedad del hecho y a su naturaleza, ya que tradicionalmente nombra los delitos contra la vida. Los procesos famosos, desde los recogidos en el viejo “Pitaval”, a principios del siglo XVIII, hasta los que más abajo se dirán, tienen casi siempre como objeto el asesinato cuyos protagonistas y antagonistas son las víctimas y sus asesinos. En todo juicio por tal delito a quien se juzga realmente es al interfecto, para saber si mereció la muerte y en consecuencia, si merece morir su matador.

Lo dicho pone de manifiesto que el crimen y la literatura han sido siempre buenos amigos. Ese misterio de la muerte violenta a manos de otro hombre y su singular producto, el criminal, ha despertado el interés de los grandes escritores en todos los tiempos, que lo han utilizado como tema dramático por excelencia, desde el teatro griego y Shakespeare, Lope de Vega o Calderón hasta nuestros días. La estructura dramática del juicio o la tensión de la investigación policial han servido de cauce a obras maestras como “Crimen y castigo” de Dostoyewski, “La Malquerida” de Benavente o “Llama un inspector” de Priestley. Hay incluso un género literario que, a partir de Edgard Allan Poe, ha dado excelentes frutos a este lado y al otro del Atlántico, la novela policíaca, no siempre pasatiempo al estilo de Ágatha Christie sino a veces con una gran carga sociológica (“novela negra”). El periodismo, por su parte, fue desde sus comienzos compañero de viaje de la criminología. Las crónicas de sucesos e incluso periódicos especializados –“El Caso”- dan testimonio de ello, así como la figura del “periodista de investigación”.

Sin embargo, nada de lo dicho hasta aquí resulta comparable, aunque sirva para explicarlo, al fenómeno de las “true crime stories”, nacidas en el libro pero trasplantadas luego al cine y a la televisión. A título esporádico este tipo de obras ha existido siempre, pero con carácter masivo tienen partida de nacimiento, con lugar, tiempo y paternidad conocidos. Las crónicas de hechos reales, surgen con “A sangre fría” el año 1965, cuyo autor, Truman Capote, relata un asesinato múltiple, la matanza en su hogar de una familia por dos vagabundos, desde la noche del crimen hasta la escalofriante ejecución de los asesinos. En tal sendero le seguiría en 1980 Norman Mailer con “La canción del verdugo”, “novela verídica” sobre la singular personalidad de Gary Gilmore, un condenado a muerte que se negó a pedir el indulto pero intentó evadirse de la prisión. Prefería morir a vivir encarcelado. Entre estas dos obras, empezaron a proliferar otras por goteo al principio, luego a cientos, sobre los crímenes más espectaculares. No faltaron ejemplos en otros países, Gran Bretaña (“Trail of Havoc” de Patrick Marnham) o Francia (“El jersey rojo” de Pilles), donde lo judicial había atraído siempre a sus escritores y España, con cultivadores ilustres (Jiménez de Asúa, Bernaldo de Quirós, Antonio Pedrol).

Surge así un auténtico subgénero literario, sin que el prefijo quiera ser peyorativo sino orientador de algo que forma parte de un ámbito más extenso. El nuevo género no es el relato urgente, sobre la marcha, periodístico, ni tampoco reelaborado artísticamente, como novela o drama, sino un testimonio con vocación de rigor histórico. En un cuarto de siglo ha alcanzado un desarrollo imponente cuantitativa y cualitativamente. Han aparecido cultivadores no ya ocasionales, como fueron los primeros, sino especializados, tanto que ello les permite llegar a ser “expertos” en la materia y actuar luego como asesores de las instituciones policiales. Es el caso paradigmático de Ann Rule, colaboradora del FBI y en tal grupo pueden ser incluidos algunos más como Joseph Wambaugh, que fue policía en Los Ángeles. Nada en el mundo es obra de la casualidad, aunque pueda serlo del azar como consecuencia de la conjunción aleatoria de una serie de circunstancias. Los factores que explican este auge de las “true stories” son varios y todos enraizados en la idiosincrasia de la sociedad norteamericana. Uno, su capacidad de autocrítica y, a la vez, su optimismo antropológico, que le lleva a creer en la posibilidad indefinida de mejoramiento. Otro, la proclividad a expresar sus pensamientos y sentimientos en público, sin el falso pudor de los europeos. También el respeto a la verdad y el amor al trabajo bien hecho, así como el deseo y la necesidad de conocer la realidad para actuar sobre ella y perfeccionarla, la convicción de que todos merecemos una segunda oportunidad y la “freedom of speech” más amplia en el país más judicialista del universo, donde el juez es un mito.

Estas crónicas comprenden, como regla, la investigación policial del crimen, la preparación del juicio por la Fiscalía, la instrucción y el juicio, con trascripción textual de las partes más importantes, contando luego, unas veces sí y otras no, las peripecias posteriores, como los recursos o el cumplimiento de la pena. En los títulos, no muy imaginativos por lo regular, abunda lo mortal (“deadly”) y lo sangriento (“bloody”). Por su propia índole, abren en canal el sistema judicial y permiten contemplar cómo palpita a corazón abierto, con sus virtudes y sus lacras. En efecto, a lo largo de estas crónicas se aprende cómo funcionan los mecanismos para conseguir las pruebas, por ejemplo, los “affidávit” y “warrants” para la entrada y registro en domicilios o las medidas cautelares (prisión preventiva, libertad bajo fianza), la defensa de oficio o “Public Defender Office”, la instrucción por el Fiscal y la Policía con transparencia para la defensa, el “impeachment” por el gran jurado si hubiera “probable cause”, la “inmunidad” de los testigos coautores o cómplices y el valor de su testimonio, la posibilidad y la forma del “bargain” o acuerdo de acusado y Fiscal, homologado por el juez, el reparto de asuntos entre éstos o el “change of venue” a otra circunscripción menos contaminada, la selección de los jurados, la actuación de los abogados, las reglas procesales, el tiroteo verbal de “Your Honor” “objection”, “overruled” o “sustained” e incluso las deliberaciones del Jurado o de los magistrados (“judges associates”) en los Tribunales colegiados. En fin, de película.

Rafael de Mendizábal Allende
Magistrado Emérito del Tribunal Constitucional
Director de “Actualidad Administrativa”

jueves, 13 de enero de 2011

INDICIOS: TESTIGOS MUDOS, por el inspector Otín


Mi querido colega José Mª Otin, afamado criminólogo, inspector del CNP y uno de los pocos que ha trabajado a nivel práctico la técnica del "criminal profiling" (perfil criminal) en España, nos honra con este magnífico artículo sobre criminalística.
Conocí en persona a José Mª en el congreso de profilig de Valladolid del año pasado, organizado por la Sociedad Española de Criminología. Otín dió una magnífica conferencia sobre la evolución, utilidad y novedades en profiling, y rápidamente entendí que hablaba con conocimiento práctico del asunto, cosa que hacen pocos, la mayoría empeñados en repetir las palabras de otro escritas en un libro o en una serie televisiva. En las palabras de José Mª encontré mis pensamientos instantáneos en los diez años que llevo revisando homicidios y desapariciones sin resolver en Canarias, realizando informes de reconstrucción y perfil, para reactivar los casos más difíciles que a veces la policía no puede desenrredar.

Tras la charla de José Mª le comenté que uno de mis mentores ha sido el Comisario Álvarez Saavedra, autor de numerosos libros sobre criminalísitica, y una eminencia en la policiología. José, había trabajado con él, y también lo consideraba una referencia, por tanto, creo que nuestra conexión fue inmediata, como la de dos científicos que han tenido el mismo maestro.

En ese congreso, compartimos experiencias con Marck Safaric (exagente del FBI-Unidad de Ciencias del Comportamiento) y otros muchos, para mi fue una satisfacción que se me escuchase, y pudiera contar mi experiencia práctica en el profiling. Ese día, fue uno de esos, en los que sientes que ha merecido la pena sacrificar tiempo, esfuerzos y dinero, en ayudar a algunas familias de víctimas.

Félix Ríos - Criminólogo

-----------------------------------


INDICIOS: TESTIGOS MUDOS


En el lugar del delito, realidad y ficción se confunden. El poder de los medios de comunicación, especialmente de la televisión, y series de enorme éxito como “C.S.I.” han acercado al gran público a los entresijos de la investigación criminal y han puesto de relieve el valor de los indicios en la misma. Pero no todo es cierto. ¿Qué hay de realidad y qué de ficción? En este trabajo nos acercaremos al lugar del crimen para saberlo, sin perder el rigor científico.

Se acaba de cometer un delito. Nada más tener conocimiento de ello, una patrulla de la policía se desplazará al lugar del hecho para, entre otras, llevar a cabo una importantísima misión: la protección del mismo. Tras la cinta policial que establece esa frontera con el mundo del delito, se esconde un tesoro para los investigadores: multitud de indicios, cuyo valor puede ser incalculable para conocer lo sucedido y encontrar al culpable.

Cualquier objeto, cualquier sustancia, cualquier materia, puede convertirse en indicio: un chicle en el suelo, un ticket de compra, una fibra invisible, el olor de un perfume… Son auténticos testigos mudos pero muy elocuentes de lo ocurrido, únicamente hay que conocer su idioma para interpretarlos adecuadamente.

El auténtico valor de un indicio es su posibilidad de convertirse finalmente en prueba que sirva ante un tribunal para esclarecer el hecho juzgado. El trabajo de múltiples especialistas en perfecta armonía debe obrar el milagro: desde el primer policía encargado de protegerlo hasta el científico forense que expone sus conclusiones en el Juzgado.

¿Qué puede constituir un indicio?

Todo contacto deja rastro. El criminal siempre dejará algo suyo en el lugar del delito y se llevará algo de éste consigo. Este axioma de la investigación criminal, formulado hace más de un siglo por el insigne profesor Locard, no ha perdido un ápice de su vigencia con el paso del tiempo.

Para la Criminalística (disciplina encargada del estudio y análisis de los indicios) puede serlo cualquier cosa de cualquier naturaleza que haya sido usado o producido en la comisión de un delito y que puede proporcionar las bases científicas o técnicas para orientar una investigación criminal. Los indicios no entienden de formas, olores, colores, o sabores: La huella de un zapato, la impronta de una herramienta, el rastro de un olor, la ausencia de un objeto, han sido y probablemente seguirán siendo indicios que han permitido resolver crímenes.

¿Qué pueden aportar los indicios?

Desde situar al sospechoso en el lugar del delito hasta proporcionar elementos clave para resolverlo, corroborar o refutar testimonios, e incluso convencer al juzgador de la culpabilidad del reo si constituyen una concatenación lógica capaz de convertirse en auténtica prueba.

El A.D.N. contenido en una minúscula gota de sangre puede llevar al culpable a prisión, pero también pueden hacerlo los minúsculos fragmentos de vidrio pertenecientes a las gafas del criminal y que perdió en la lucha con su víctima. Un trozo de papel arrugado y casi ilegible que resultó ser un ticket de compra recogido en una papelera sirvió para esclarecer una misteriosa muerte, y el olor a pescado de un violador llevó a la Policía hasta él.

Son innumerables los ejemplos de casos reales como los descritos que demuestran la utilidad de estos testigos mudos, pero no todo es tan fácil como pueda parecer. En muchas ocasiones, ni siquiera hay indicios. ¿O quizá debería decirse que no se han encontrado? Un buen investigador sabe que “la ausencia de pruebas no es prueba de su ausencia”. Pero por desgracia, en multitud de ocasiones ni todo el arsenal técnico y científico del que hacen gala los policías forenses de “C.S.I.” es capaz de obtener un solo indicio de valor en la escena del crimen. ¿Cómo es posible esto?

Por su gran fragilidad. Hay indicios enormemente sensibles a todo lo que les rodea: la contaminación ambiental, las inclemencias meteorológicas, las manipulaciones indebidas…

El ADN, sin ir más lejos. La gran pantalla nos ha hecho creer que es posible localizar y recuperar ADN de cualquier parte y en cualquier condición. Esto solo es parcialmente cierto. Aunque actualmente la ciencia forense cuenta con técnicas de detección enormemente sensibles, la realidad demuestra que en muchos casos es imposible obtener ADN con valor identificativo, bien porque no se ha conseguido aislar y recoger la muestra o bien porque ésta se encontraba muy degradada al haber sido afectada por la humedad, el calor, o la contaminación. Y lo mismo ocurre con muchos otros indicios biológicos, físicos o químicos.

Y a lo anterior hay que sumar el que en muchas ocasiones constituye el mayor peligro para la integridad de los indicios: la manipulación humana. La curiosidad malsana, la ignorancia o la incompetencia tienen un gran poder destructivo. La torre de gruesos muros construida a base de sólidos indicios puede ser fácilmente derribada ante un tribunal por la simple ruptura de un eslabón en la importante cadena de custodia que han de seguir los indicios en todo su recorrido, desde su hallazgo hasta su presentación en la mesa de pruebas de una sala de audiencias. El famoso caso de la estrella del deporte y la televisión O.J. Simpson supuso un lamentable pero eficaz ejemplo de esto.

Aquí radica la importante, difícil y desconocida tarea de la adecuada protección de los indicios, que va mucho más allá del simple acotamiento del lugar con cinta policial, y que afecta de distinta manera a todos los implicados en el hecho. Una buena labor de protección y custodia del lugar del delito aumenta exponencialmente las posibilidades de éxito de la investigación posterior. Como ejemplo, valga decir que un elevado porcentaje de casos de homicidio irresolutos lo son por una pésima protección inicial del lugar del crimen, con la consiguiente pérdida del caudal informativo que los indicios destruidos pudieran haber aportado.

José Mª Otín - Criminólogo

domingo, 2 de enero de 2011

Entrevista de Félix Ríos para CasoSiete periódico digital de sucesos

Editado por Caso Siete Domingo enero 2, 2011

Más de diez años de experiencia como criminólogo le avalan. Experto en la elaboración de perfiles criminales su colaboración en casos como el de la desaparición de Isabel Canino, en La Laguna, o la de Kataysa, en Lanzarote, han convertido a Félix Ríos en uno de los referentes en investigación criminal en Canarias. Formado en la Escuela Superior de Ciencias Criminológicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), comienza su andadura profesional con la investigación de una serie de casos sin resolver en La Gomera. Actualmente, siete casos sin resolver son los que consiguen robarle el sueño.



¿Cuál es la función exacta de un criminólogo?

En mi caso particular mi labor es principalmente la de asesoramiento a la familia de la víctima de un crimen o desaparición en todo momento. El objetivo está claro, resolver el caso y ante esto todos mis pasos deben ir encaminados a ayudar a esclarecer lo que pudo suceder. Para ello es fundamental el trabajo que se realiza en colaboración con el abogado de la familia de la víctima.


¿Podría explicar los pasos que sigue a la hora de iniciar una investigación?

Las pautas que se siguen pueden variar según el caso y sus características. Como base siempre parto de un hipotético triángulo en el que ubico, en cada vértice, al autor, el escenario del crimen y la víctima. Dependiendo de los datos de los que disponga la incógnita a despejar puede variar. Por ejemplo, en el caso de la desaparición de Isabel Canino se buscaba a la víctima principalmente pero a través de su muy probable agresor. Finalmente, despejar estas dos claves nos permitía entender cómo fueron los hechos y qué pasó exactamente en la casa.


¿Su labor está coordinada en todo momento con la que llevan a cabo los cuerpos de seguridad del Estado?

Lo ideal sería que existiera esa colaboración entre la figura del criminólogo y la policía pero lo cierto es que es un gremio bastante cerrado con el cual es complicado alcanzar un grado de colaboración sincera a la hora de trabajar. Yo prefiero llevar mi labor de asesoramiento en paralelo a las investigaciones que pueda realizar la policía, mandándoles información siempre, a través del juzgado, mientras prefiero tener un contacto directo con la familia de la víctima y dedicarles todo mi tiempo.


¿Pero cree usted que esta es la tónica que se sigue en otros países?

No, para nada. EEUU, Canadá y Bélgica, por ejemplo, nos llevan bastante ventaja en esta materia. En España, la figura del criminólogo es relativamente nueva y es, hasta cierto punto ?normal? que desde los cuerpos de seguridad del Estado haya ciertas reticencias a la hora de trabajar o dejarse asesorar por expertos. Esta situación lo que está provocando es que no se pueda trabajar en muchos casos de homicidio, por ejemplo. Yo en mi caso particular intento siempre interesarme por los casos que siguen sin respuesta en Canarias, los ya en un segundo plano para la policía, contactando con las familias las que luego les presto mi servicios de forma altruista.


Según su criterio ¿cuál cree que es el mayor handicap para los expertos en esta materia?

Como bien decía antes es una formación que ha sido reconocida como tal en fechas recientes. Esto lo que ha provocado es que el criminólogo no se puede especializar en un campo o materia determinada de una forma sistemática sino que tenga que hacer por cuenta propia. Al final es la propia práctica la que te ayuda saber o a conocer los pasos que debes dar para implementar tu formación.


¿Cuál es su especialidad?

A lo largo de estos años me he centrado principalmente en la elaboración de perfiles. Para hacerlos tengo primero que sentarme con la familia de la víctima en cuestión y conocerla a fondo, para saber todo sobre él/ella. A partir de esta información, y conociendo el escenario donde se sucedieron los hechos se puede conocer como es el agresor/a. Por ejemplo, saber si el agresor llevaba el rostro cubierto o si la atacó por detrás, lo cual denota vergüenza o que tal vez se conocían , entre otros aspectos.


Si pudiera hacer una valoración de los casos que se dan en las Islas ¿considera que son de gran complejidad a la hora de resolverlos?

Las cifras que se suelen dar no son las más cercanas a la realidad. Es decir, muchas veces escuchamos a las autoridades afirmar que de los 20 homicidios que se dan en Canarias se han logrado resolver 18, sin embargo no se entra a detallar que estamos ante casos evidentes en los cuales el asesino es su pareja y se entrega o se intenta suicidar, por ejemplo. La cuestión es ¿qué pasa con esos dos crímenes que faltan para completar la estadística? Pues como norma general esos son los que llegan a mi despacho.


En Canarias las desapariciones se han convertido en uno de los grandes miedos sociales. ¿Cree que habrá una respuesta a los casos de Sara Morales y Yéremi Vargas?

Las desapariciones no son un fenómeno nuevo. En estos dos casos, las circunstancias de su cercania espacio-temporal, han hecho que se hable más de ellos, lo cual me parece bien para mantener vivas las investigaciones. Sara, por ejemplo, lleva cuatro años desaparecida y en este tiempo ha sido imposible dar respuestas a muchas preguntas que la familia, o yo como investigador, nos planteamos. Tal vez sea necesario solicitar ayuda a expertos, aunque sean de fuera como por ejemplo el FBI ¿no? .


¿El FBI?

Cuando se habla de FBI parece que suena a película. Pero lo cierto es que este cuerpo, que cuenta un grupo de especialistas en desapariciones que se ha interesado por el tema. A día de hoy no entiendo por qué no se cuenta con su asesoramiento, más teniendo en cuenta que tienen fondos federales para asesorar a otras policías del mundo. A España no le costaría ni un duro.


¿Cree por tanto que resolver la desaparición de esta niña se ha convertido en una medalla a la que no se quiere renunciar?

¿Medalla? Creo que el caso de Sara puede ser un marrón que nadie quiere asumir. Sé que es una afirmación dura, pero realmente creo que las cosas están así. El caso de Yéremi Vargas no lo he podido seguir tan de cerca, pero estoy interesado en acercarme a la familia y ver en qué puedo ayudar.


Usted mantiene contacto con la familia de Sara ¿cuál ha sido su tarea hasta este momento?

He mantenido y sigo manteniendo contacto puntual con la familia de la niña, de hecho le escribo a menudo a su tía. Entre las últimas líneas que se han planteado desde mi despacho, se encuentra el envejecimiento artificial de las imágenes de ambos niñosl, para saber como serían sus rostros, hoy en día. Y no se trata de un mero capricho personal, esta hipotética reconstrucción facial responde a las recomendaciones planteadas por Missing Childrens, organismo reconocido a nivel estatal en EEUU y que ha elaborado un manual sobre desapariciones que sirve como libro de cabecera del FBI para resolver estos casos.


¿Y no saldrá a la luz ese envejecimiento?

Esto ya depende de las familias, en cuanto me den el visto bueno, los haríamos públicos. Pero tengo la impresión de que últimamente están muy desmotivadas por todo lo que pasó en el pozo de Jinamar, etc.

Retomando el caso de Sara ¿cuál es su valoración sobre el conocido violador de la furgoneta blanca que se quitó la vida en el Salto del Negro?

Sobre esto solo voy a decir que en su día presenté ante la Jefatura de Policía de Las Palmas de Gran Canaria un informe en el cual se apuntaba a la posibilidad de que este señor, encajara con el perfil que tracé sobre el posible autor de la desaparición de Sara, a las 6 semanas de ocurrir ésto. Con esto no quiero decir que él tuviera algo que ver, simplemente se le señaló para que la policía realizara las oportunas investigaciones ya que por su perfil y modus operandi podían encajar con el caso.

El cuerpo de Kataysa fue hallado en un maletero / Caso Siete
Estos son sin duda los casos más sonados ¿pero usted es buen conocedor de que hay muchos otros que no cuentan con tantas páginas en los medios o minutos de radio y televisión?

Por supuesto. La muerte de Kataysa, en Lanzarote, es un misterio sin resolver que parece ya olvidado. Una joven que desaparece y al cabo del tiempo se encuentra su esqueleto en el interior del maletero de un coche en mitad de un descampado. O el caso de Urbana Ramos Plasencia, en Tenerife, que salió una mañana de su casa para ir a su trabajo en Adeje y nunca llegó. Su cuerpo se encontró cerca de su coche en una carretera de tierra. O el caso de Pancho, atropellado y muerto en una zona de Güímar por un conductor que se dio a la fuga y que, a día de hoy, sigue sin aparecer.

N. Alonso / La Laguna